DE LA IDEA "PERFECTA" A LA REALIDAD.

Cuando empecé este blog tenía bastante claro qué quería hacer. O eso pensaba yo.

Quería crear un espacio donde hablar de educación inclusiva, compartir experiencias reales con niños con necesidades educativas especiales, reflexionar sobre mi trabajo como integradora social y como estudiante de Pedagogía, y dar visibilidad a algo que para mí es incuestionable: que la inclusión no es opcional, es la base de una educación justa.

Venía con una idea muy definida de mí misma: estudiante de 4º de Pedagogía en la UCM, integradora social, coordinadora de ocio educativo los fines de semana y trabajadora de comedor escolar con niños con NEE. Tenía claro de dónde venía, qué me movía y hacia dónde quería ir. Incluso tenía muy claras mis metas: investigar, liderar programas inclusivos, apoyar a docentes, trabajar por políticas educativas más equitativas.

Y sí, todo eso sigue estando ahí. Pero el blog ha acabado siendo algo un poco distinto… y mucho más real.

Al principio pensaba que iba a escribir entradas muy “ordenadas”: temas claros, reflexiones bien cerradas, objetivos muy definidos.
Pero poco a poco me he dado cuenta de que lo que realmente estaba haciendo era volcar lo que vivo, lo que me remueve y lo que aprendo en el día a día.

He acabado escribiendo desde el aula, desde el comedor, desde el cansancio, desde las pequeñas victorias y también desde las dudas. Desde esos momentos que no salen en los libros, pero que te enseñan más que cualquier teoría.

Sin darme cuenta, el blog se ha convertido en un espacio donde:

  • Reflexiono sobre lo que significa acompañar de verdad.

  • Pongo palabras a situaciones que muchas veces se normalizan, pero que no deberían hacerlo.

  • Conecto la teoría que estudio con la práctica que vivo.

  • Y, sobre todo, me permito ser honesta, sin intentar hacerlo perfecto.

Cuando escribí la presentación del blog hablaba de grandes conceptos: inclusión, programas, políticas educativas, liderazgo…
Y sigo creyendo en todo eso.

Pero lo que este blog me ha enseñado es que la inclusión se construye, muchas veces, en lo pequeño:

  • En un gesto.

  • En una adaptación mínima.

  • En una mirada que no juzga.

  • En un niño que por fin se siente parte del grupo.

Igual que aquel momento en el comedor, cuando uno de mis niños, con muchas dificultades sociales, consiguió participar en el patio con sus compañeros gracias a estrategias personalizadas. Ese tipo de situaciones no aparecen en los currículos, pero te cambian la forma de entender la educación.

Y sin darme cuenta, eso es lo que he acabado reflejando aquí.

Un blog que crece conmigo.

Este blog no es solo un espacio para “contar lo que sé”.
Es un espacio para pensar en voz alta, para aprender, para equivocarme y para crecer como futura pedagoga y como profesional de la educación.

Quizá no he seguido exactamente el plan que tenía al principio.
Pero he creado algo mucho más valioso: un blog que me representa de verdad, que recoge mi forma de mirar la educación y que evoluciona conmigo.

Porque al final, igual que la inclusión, este blog no es un proyecto cerrado.
Es un proceso, un compromiso y un reflejo de quién soy y de quién quiero llegar a ser.

Y si algo tengo claro después de todas estas entradas es que educar desde la inclusión no va de hacerlo perfecto, sino de hacerlo con sentido, con conciencia y con corazón.

Mirad que chula esta imagen jajaja:



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