No es un adiós, digamos que... es un, hasta aquí.
No vienen acompañadas de grandes discursos ni de finales dramáticos, pero se sienten igual. Esta es una de ellas.
Esta entrada no es una despedida del blog, ni de la educación, ni de lo que quiero hacer en el futuro. Es más bien una despedida tranquila de una asignatura, de una etapa concreta de la universidad, de una clase y de un grupo de personas que han formado parte de mi día a día sin que, muchas veces, nos diéramos cuenta.
Cuando empecé la carrera, pensaba que la universidad iba de aprobar asignaturas, entregar trabajos y llegar al final con un título bajo el brazo, y bueno, para que mentir, el primer año exactamente el primer cuatri ya la quería dejar jajaja. Y en verdad también va de eso. Pero ahora, mirando atrás, me doy cuenta de que ha ido sobre todo de proceso.
De aprender a organizarme, a frustrarme, a dudar, a defender ideas, a trabajar en grupo aunque no siempre fuera fácil. De descubrir qué me mueve de verdad y qué tipo de profesional quiero ser. Y, sobre todo, de entender que la educación no se aprende solo en los apuntes, sino en las conversaciones, en los trabajos compartidos y en las experiencias que te marcan sin avisar.
Esta asignatura en concreto no se queda solo en contenidos. Se queda en reflexiones, en debates en clase, en trabajos que me han hecho pensar más allá de lo que tocaba estudiar. Me ha obligado a mirar la educación desde una perspectiva más amplia, más real y más comprometida.
Es curioso cómo, sin darte cuenta, pasas de sentarte al lado de desconocidos a compartir colacaos, tortillas, apuntes, risas, enfados, estrés antes de las entregas y conversaciones que no siempre tenían que ver con la universidad. Personas que han estado ahí en lo cotidiano, haciendo esta etapa más llevadera y, muchas veces, más bonita.
No todo ha sido perfecto, ni hace falta que lo sea. Pero sí ha sido real. Y eso ya es mucho.
No siento que esté cerrando nada, sino dejando algo atrás con cariño. Porque todo lo vivido aquí forma parte de quien soy ahora: como estudiante, como futura pedagoga y como persona.
Me voy de esta asignatura, de esta clase y de esta etapa con aprendizajes, con recuerdos y con la certeza de que cada paso, incluso los que parecían pequeños o insignificantes, ha tenido sentido.
Y aunque cada uno siga su camino, esta etapa se queda. No como algo que se pierde, sino como algo que se integra en lo que viene después.


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